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¿Es el perro la mascota más adecuada para mí?

¿Es el perro la mascota más adecuada para mí?

Por los hallazgos de origen prehistórico, se tiene constancia de que el perro acompaña al hombre desde tiempos remotos.

A lo largo de toda nuestra historia, hemos ido seleccionando al perro por sus capacidades, que en muchas ocasiones estaban unidas directamente con determinados rasgos físicos. Así, una época tras otra, el perro nos ha servido para casi todo, desde la custodia de nuestros bienes, incluidos los rebaños de ganado, hasta la caza, incluso como perro de batalla durante la conquista romana o de apoyo durante las dos guerras mundiales.

En todas las clases sociales, en todos los entornos, en todas las culturas, el perro está presente y si para ello ha tenido que cambiar de aspecto, lo ha hecho. Obviamente, hablamos en sentido figurado, ya que ha sido la selección humana la que ha producido la gran diversidad física del perro doméstico, en tanto los hay de apenas un kilo de peso hasta los que superan el centenar.

El perro es una especie con sus propias particularidades, aunque muy diversas debido a su disparidad de conformaciones y temperamentos; sin embargo, lo principal para darle lo que verdaderamente necesita es tener en cuenta que no se trata de un ser humano, aunque sea muy pequeño y nos parezca que lo único que le falta es hablar.

La importancia del comportamiento

La importancia del comportamiento

De sus ancestros, el perro conserva su naturaleza social, basada en la jerarquía entre los miembros de la manada.

Este comportamiento es el que hace que se adapte a las mil maravillas a la convivencia con el ser humano, al que se une como un miembro más del clan. Esto también influye en su proceso de aprendizaje, al tolerar un papel secundario frente a un líder, sin olvidar, por supuesto, su inteligencia, que le dota de una gran capacidad para aprender.

A la hora de elegir un perro debemos tener en cuenta que su comportamiento estará determinado por su naturaleza, es decir, que por regla general un perro de protección tendrá un carácter más dominante que uno de pastoreo, por ejemplo, y que este, a su vez, será más tranquilo que un perro de caza.

Sin embargo, los límites no están en el perro propiamente dicho sino en el propietario, por lo que no depende del animal desempeñar mejor o peor su función de mascota, sino de la persona que debe proporcionarle aquello que necesita. Veámoslo con un ejemplo: si se vive en una ciudad y se tiene poco tiempo para sacarlo a pasear, nuestro consejo es no elegir un perro nervioso, que necesite hacer mucho ejercicio diario y de buen tamaño, por mucho que nos gusten así; en ese caso sería mejor decantarse por un animal pequeño y tranquilo. Claro que si estamos dispuestos a sacarle tantas veces como sea necesario y aunque tengamos una casa pequeña, podemos elegir un perro gigante o más activo porque le estaremos dando una parte primordial de lo que necesita para su bienestar.
 

La importancia de la edad

La importancia de la edad

En el proceso de elección de un perro, otro de los aspectos fundamentales es decidir si queremos un cachorro o un adulto, incluso un perro sénior. Elegir un cachorro nos permitirá disfrutar de su proceso de crecimiento y ver cómo va aprendiendo todo aquello que le enseñamos, pero como contrapartida estarán los gastos adicionales, como las vacunas y la identificación. También en este caso es de vital importancia que el cachorro haya tenido un período de socialización adecuado y no haya sido separado del resto de la camada durante las primeras ocho semanas de vida.

Otra opción es elegir un perro adulto, lo que generalmente suele hacerse en alguna protectora de animales. Esto nos proporciona una gratificación doble: ver cómo se va adaptando a nuestro entorno y saber que estamos dando una nueva oportunidad a un animal que con seguridad ha pasado malos momentos.

Aunque es la menos frecuente al suponer una responsabilidad adicional, podemos elegir un perro sénior, si bien por lo general necesitará más atención veterinaria debido a que suelen tener alguna enfermedad crónica propia de la edad. Sin embargo, como contrapartida tendremos la satisfacción de darle los mejores cuidados el tiempo que tenga por delante. ¡Se lo merece!

La importancia del sexo

La importancia del sexo

Lo habitual cuando elegimos un perro es que tengamos claro el sexo que preferimos, entre otras cosas porque, curiosamente, los hombres suelen preferir los ejemplares machos y las mujeres prefieren las hembras. Pero si no estamos seguros de qué sexo preferimos, debemos saber que, por regla general, existe diferencia entre el comportamiento según el sexo: las hembras suelen ser más sumisas que los machos. También hay diferencia en cuanto al aspecto físico, en tanto los machos suelen ser más corpulentos.

No obstante, esto no es una ciencia exacta, ya que hay perras muy dominantes y machos muy sumisos, así como hembras proporcionalmente grandes comparadas con los machos de su mismo tipo y a la inversa.

Asimismo, a la hora de elegir debemos tener en cuenta que las hembras tendrán el celo periódicamente y que los machos pueden ser menos manejables durante este período. Sin embargo, la esterilización quirúrgica es una intervención veterinaria que hace desaparecer el comportamiento asociado a la reproducción; es decir, que los machos suelen ver disminuido su impulso dominante y en las hembras desaparece el celo. Como se elimina por completo la capacidad reproductora del ejemplar esterilizado quirúrgicamente, desaparece el riesgo de tener camadas indeseadas, uno de los principales motivos de abandono.

Hoy día no hay motivo para no esterilizar, máxime cuando ha quedado demostrado que el perro no necesita reproducirse para sentir que su vida es plena. Este es un concepto plenamente humano.

En qué influyen las características físicas

En qué influyen las características físicas

La gran variedad de formas, tamaños, colores y tipos de pelo del perro son parte de su éxito como mascota, ya que se puede asegurar que casi hay un tipo de perro para cada persona. Sin embargo, esto puede generar confusión a la hora de elegirlo.

En ese caso, debemos analizar sinceramente nuestro tipo de vida y las necesidades del perro, de modo que tengamos claro que un perro gigante encajará muy mal estar todo el día encerrado en un apartamento pequeño, que un perro miniatura de pelo muy corto no será feliz en una finca en la montaña, que un perro de caza podrá extraviarse durante una excursión al seguir el rastro de algún animal o que un perro de pelo largo necesitará cepillados casi diarios.

En el perro también es determinante el color, ya que los perros blancos necesitan más cuidados higiénicos y tienen cierta propensión a padecer trastornos de la piel. Por su parte, los perros negros corren más riesgo de sufrir un golpe de calor cuando les da el sol directamente durante mucho tiempo. Por ello, si nuestro perro favorito es de color blanco y no vamos a poder mantenerle en perfectas condiciones, mejor elegir un perro de otro color.

Otra de las características físicas más importantes a la hora de elegir un perro es el tipo de hocico, más en concreto cuando lo tiene corto (braquicéfalos), debido a que esta cualidad produce, en la inmensa mayoría de los casos, dificultad para respirar, lo que a su vez no les permite hacer mucho ejercicio ni muy intenso. Por ello, sería una pésima decisión elegir un Bulldog Inglés si queremos llevarlo a correr con nosotros.

¿Qué hace falta?

¿Qué hace falta?

La decisión de incorporar un perro a nuestra vida va asociada a la adquisición del material que necesitaremos: comedero, bebedero, alimentación, collar, correa, método de transporte para el vehículo (arnés y enganche al anclaje del cinturón de seguridad, malla separadora o transportín) y todo lo relacionado con su higiene, desde el cepillo hasta el champú adecuados a su tipo de pelo, pasando por el cortaúñas. 

Por su importancia, vamos a ver más al detalle lo concerniente a su alimentación. Así, se debe mantener la alimentación que esté tomando en el momento de la adquisición y, si pretendemos cambiársela, hacerlo cuando ya está adaptado a su nuevo entorno y realizando una correcta transición alimentaria.

La seguridad en el hogar

La seguridad en el hogar

Durante el período de adaptación deberemos tener muy diversas precauciones con nuestro perro, tanto en el hogar como fuera de él.

A este respecto, en el hogar no dejaremos a su alcance nada que suponga un riesgo para su salud si lo muerde, por ejemplo, sustancias tóxicas y medicamentos. Los cables y los enchufes también son peligrosos porque pueden producir descargas eléctricas, en algunos casos nocivas.

En cuanto a la seguridad en el exterior, mientras no estemos seguros de que obedecerá nuestra llamada, no debemos soltarlo (en el caso de que estemos en un lugar que lo permita, hay que recordar que en un entorno urbano está prohibido llevar suelto al perro), pero también debemos llevarlo sujeto con un método seguro para él, por ejemplo, si tira mucho quizá debamos decantarnos por un arnés en el pecho que por un collar convencional en el cuello.

Asimismo, si vivimos en una casa con jardín debemos asegurarnos de que no puede salir de este recinto sin custodia. Esto supone un peligro para él pero también para las personas, especialmente si tiene la desgracia de ser atropellado por un vehículo, cuyo conductor puede exigirnos responsabilidades legales.
 

La educación es imprescindible

La educación es imprescindible
Por lo general las personas no tenemos conocimientos profundos sobre las mascotas antes de decidir tener una en casa, así que es frecuente que vayamos aprendiendo sobre la marcha.

Sin embargo, en la medida de lo posible debemos asesorarnos antes de cuál es la mejor forma de enseñarle y cómo hacerlo. A este respecto, si no le vamos a dejar subirse a un sofá cuando sea adulto, no se lo permitiremos cuando sea cachorro, así lo aprenderá desde pequeño. Lo mismo pasaría con la alimentación: cuantos más caprichos le demos, más riesgos corremos de convertirlo en un animal caprichoso con la comida.

Asimismo, cuando un perro vive en sociedad debe tener un comportamiento que no moleste y es nuestra responsabilidad recoger lo que ensucie en los espacios públicos, aunque no esté indicado explícitamente.

DEPENDE DE NOSOTROS

  • El perro es un animal social, adaptado a la jerarquía del grupo. Esto, unido a su inteligencia, permite una gran capacidad de aprendizaje.
  • El perro no es un ser humano, aunque sea muy pequeño, por lo que no debe ser humanizado en exceso.
  • A la hora de elegir un perro debemos considerar cuáles son sus rasgos de carácter más destacados, por ejemplo, instinto de caza o de defensa, en tanto esto determina su comportamiento y nuestra capacidad para manejarlo.
  • En general, machos y hembras se diferencian en cuanto a tamaño y carácter, por lo que el sexo del animal suele ser un motivo de duda a la hora de elegirlo.
  • Durante el período de adaptación es mejor no soltar al perro, ya que es mayor el riesgo de que se extravíe.
  • La alimentación del perro debe estar adaptada a su edad, tamaño y estado, incluso hay alimentos específicos para algunas razas.
  • La correa y el collar del perro deben ser los adecuados para las características del animal en concreto.
  • La educación del perro es primordial para la convivencia, tanto en casa como fuera de ella. Por esta razón, si es necesario, debemos aprender a enseñarle.
  • Si no vamos a tener tiempo para cepillarlo, por mucho que nos gusten los perros de pelo largo, mejor elegirlo de pelo corto.
  • Ver crecer a un cachorro es una experiencia maravillosa, pero los perros adultos que están esperando una segunda oportunidad en las protectoras también merecen encontrar un hogar.
 

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