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La nutrición es una combinación de procesos mediante los cuales, los seres vivos, reciben y utilizan los nutrientes para realizar todas las funciones vitales.
Les presentamos algunos consejos prácticos que les ayudarán a mejorar la alimentación que ofrecen a sus mascotas.
La comida casera será adecuada siempre que responda a las particularidades del animal, siendo equilibrada según edad, tamaño, actividad, estado fisiológico, raza y racionando en su justa medida.
Todo esto implica un profundo conocimiento del metabolismo y necesidades nutricionales del perro o del gato, disponer de los medios para equilibrar una ración casera y tiempo para su elaboración diaria. Los posibles errores al emplear la comida casera son la administración de las sobras de la alimentación humana, asemejar la alimentación del perro o del gato con la alimentación humana, y excederse o no llegar a las concentraciones adecuadas de vitaminas y minerales.
Dadas las consecuencias de los desequilibrios nutricionales que pueden derivarse de estos malos usos de la alimentación casera, la mejor opción es suministrar a los animales un alimento preparado comercial de buena calidad, es decir que esté especialmente formulado según las necesidades particulares del animal.
Estos alimentos preparados contienen materias primas de elevada calidad y en proporción adecuada ofreciendo una alimentación equilibrada suficiente completa y cómoda con el fin de asegurar un buen estado físico y vitalidad durante toda la vida del animal.
Tanto en el caso del perro como en el caso del gato si el alimento preparado es de buena calidad, es un alimento completo y, por tanto, este debe ser el único tipo de alimento que debe administrarse, no siendo necesario, e incluso resultando perjudicial, cualquier tipo de suplemento mineral.
Siempre hay que dejar agua fresca a su disposición.
En el perro es muy importante la distribución de las comidas a lo largo del día de forma regular. Alimentar a libre disposición o “ad libitum” puede inducir a una excesiva ganancia de peso.
En el cachorro lo ideal es comenzar con tres o cuatro comidas al día y reducir posteriormente a dos. Debe recibir su alimento todos los días, a la misma hora, en el mismo lugar e, incluso, utilizar el mismo comedero para evitar la ansiedad y el consiguiente sobre-consumo.
Las cantidades administradas deben adaptarse a la evolución del peso del perro.
El gato en estado salvaje es capaz de autorregular su consumo energético y mantenerse en su peso ideal. Pero el gato casero, que no necesita cazar, que lleva un estilo de vida más sedentario y consume alimentos de elevada palatabilidad, puede perder esta capacidad de autorregulación. Por eso es preferible administrarle la ración diaria aconsejada por el fabricante, repartida también en dos tomas, y no retirar el alimento, ya que suelen ingerir pequeñas cantidades de comida a lo largo de todo el día y noche.
El fabricante generalmente recomienda la cantidad diaria y el modo de administración, pero hay que tener en cuenta que algunos animales pueden necesitar un reajuste individual según sus circunstancias (actividad, esterilización...) Por eso, ante cualquier duda hay que recurrir al veterinario, quien le ofrecerá todo tipo de información para adaptar un alimento de la mejor forma posible al gato o perro en cuestión.
Se estima que alrededor de un 20% de los perros y gatos que acuden al veterinario son obesos y, generalmente, éste no es el motivo de la visita, lo que hace pensar que, probablemente, este porcentaje sea mayor.
En términos generales la obesidad se debe a la ingestión de energía en cantidades superiores a las necesidades. Consiste en la acumulación excesiva de grasa corporal (exceso de energía) lo que conlleva un exceso de peso de más de un 15-20% del peso ideal. Generalmente la obesidad está asociada con una sobrealimentación y la falta de ejercicio, pero también hay que tener en cuenta otras causas como alteraciones endocrinas (hipotiroidismo, hiperadrenocorticismo, diabetes mellitus, etc.), trastornos de conducta o comportamiento (ansiedad, depresión, falta de control de la saciedad, etc.), la farmacoterapia (glucocorticoides, progestágenos) y la genética (herencia, razas).
Es importante tener en cuenta algunos factores que predisponen a la obesidad como es la castración o la esterilización, la raza, la edad y la influencia del propietario.
El propietario influye en la falta de ejercicio, en el aporte “extra” de golosinas y, muchas veces, en el manejo de la alimentación por desconocimiento de las necesidades alimentarias y la conducta alimentaria del perro y del gato.
Existen ciertas razas de perros más susceptibles de padecer obesidad que otras. Algunos ejemplos son: el Labrador Retriever, Beagle, Basset Hound, Cairn Terrier y el Cavalier King Charles.
En gatos hay estudios que indican que las razas mixtas tienen más probabilidades de ser obesos.
Tanto en el perro como en el gato la herencia es un factor a tener en cuenta, por eso los hijos de padres obesos tendrán más probabilidades de serlo también.
Es muy importante adaptar el alimento a cada etapa de la vida para evitar la obesidad.
La obesidad se suele manifestar en animales jóvenes-maduros, siendo por lo general la consecuencia de una sobrealimentación en la fase de desarrollo o crecimiento. Con la edad la composición corporal cambia, aumentándose la grasa corporal y disminuyendo la masa muscular.
En los animales de edad avanzada la incidencia de obesidad desciende debido a la menor capacidad de asimilación del alimento.
También hay que tener en cuenta que aunque todavía no se conocen con certeza los mecanismos fisiológicos responsables del aumento del peso. Un factor de riesgo muy importante es la esterilización. La esterilización duplica el riesgo de obesidad y, por este motivo, se debe cambiar el alimento inmediatamente a uno especialmente formulado para ayudar a evitar el aumento de peso.
- Elegir un alimento equilibrado y específico, teniendo en cuenta, ante todo, su edad, tamaño, nivel de actividad y estado fisiológico.
- Administrar el alimento racionado, proporcionando estrictamente las cantidades precisas diariamente y distribuyendo las tomas varias veces al día.
- Las “sobras”, golosinas, dulces, etc. no deben formar parte de la alimentación del perro o gato.
- Controlar regularmente el peso.
- Estimular el ejercicio, en el caso del gato el juego y la actividad debe formar parte de su vida cotidiana.
- Si existen varios animales se debe tener cuidado y asegurarse de que un animal no esté comiendo más que otro.
- Visite regularmente a su veterinario y siga sus recomendaciones nutricionales.
Si el animal padece obesidad, hay que comprender que se trata de una enfermedad y que, como tal, debe tratarse siguiendo las pautas establecidas por el veterinario tanto dietéticas como modificaciones de los hábitos. La cooperación del propietario es fundamental para el éxito del tratamiento.
Actualmente existen a disposición del veterinario dietas específicas para el manejo nutricional de la obesidad. Estas dietas permiten la obtención del peso ideal garantizando el aporte de todos los nutrientes esenciales.
Si el alimento del cachorro es un alimento de buena calidad, formulado especialmente para la edad y el tamaño de su perro, no sólo no es necesario, sino que es perjudicial.Uno de los principales factores de riesgo para los perros en crecimiento es el desequilibrio del calcio y del fósforo.
La ingesta inadecuada de calcio y fósforo daña el crecimiento óseo esquelético y aumenta el riesgo de aparición de trastornos del crecimiento.
Durante el crecimiento, las necesidades de calcio, dependen de la edad del cachorro y del ritmo de crecimiento (es decir del tamaño y peso estimados de adulto).
El aporte en exceso de calcio produce hipercalcitonemia, lo que interviene de manera directa en el desarrollo de ciertas patologías como la osteocondrosis, el radio curvo y el síndrome de inestabilidad de las vértebras cervicales.
Antes de los 6 meses de edad, el cachorro es incapaz de protegerse de los excesos de calcio y absorbe de forma pasiva, el 50% del calcio ingerido independientemente de su cantidad.
En general hay que evitar los suplementos nutricionales si el animal está consumiendo un producto de alta calidad especialmente formulado para sus necesidades. La adición de minerales desequilibrará al alimento y el cachorro puede sufrir trastornos en su crecimiento.
Una buena alimentación debe contener todos los nutrientes que el animal necesite, en cantidades satisfactorias y en las proporciones adecuadas para garantizar su salud.
Por lo tanto a la hora de elegir la alimentación hay que considerar una serie de variables. Habrá que tener en cuenta la especie a la que está destinado (perro, gato) la edad del animal (cachorro, adulto, maduro), su tamaño (pequeño, mediano, grande, gigante) el estado fisiológico (gestación, lactancia...) la actividad, su estilo de vida (ejercicio diario, vida sedentaria), e incluso, la raza del animal.
La alimentación desempeña un papel esencial en el mantenimiento de la salud y del bienestar e, incluso, en la prevención y el tratamiento de la enfermedad en perros y gatos. Una alimentación deficiente, ya sea por la baja calidad o por no estar bien equilibrada, conduce a enfermedades clínicas.
El principal problema nutricional de los perros y gatos es la obesidad, pero otros a tener en cuenta también son los trastornos osteoarticulares (por deficiencia o exceso de calcio-energía en la fase de crecimiento), alteraciones gastrointestinales, afecciones dermatológicas, trastornos en la reproducción, enfermedades dentales así como un deficiente estado del sistema inmune.
En cuanto a la obesidad hay que tener en cuenta que existe una estrecha correlación entre la obesidad y la diabetes mellitus, los problemas articulares, las enfermedades cardiacas y hepáticas, los trastornos cutáneos e, incluso, las complicaciones en operaciones quirúrgicas (por la anestesia).
En definitiva, una deficiente nutrición genera una cascada de alteraciones que altera notablemente la calidad de vida del animal y le expone a un mayor riesgo de padecer enfermedades y reduce su esperanza de vida.
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