¿Hay razas de perro más inteligentes que otras?

Perro en primer plano ilustrando el artículo de razas de perro más inteligentesSi nos atenemos a la definición que hace la Real Academia Española del término inteligencia –la primera acepción es “la capacidad de entender o comprender”, y la segunda es “la capacidad de resolver problemas”–, es obvio que el perro, como especie, es inteligente.

Ahora bien, ¿por qué a todos nosotros nos parece que a nuestro perro “sólo le falta hablar?

Por qué los perros son inteligentes

  • Tienen mucha memoria. Los perros pueden recordar a muy largo plazo y mucha información, lo que está íntimamente unido con la capacidad de relacionar información y esto, a su vez, con la inteligencia.
  • Utilizan el método “inferencia y exclusión”. De una manera muy parecida a como hacen los niños humanos, los perros aprenden a deducir (inferir) y excluir. Por ello, un perro que aprende el concepto abstracto de “pelota” es capaz de reconocerla entre otros objetos diferentes. Tanto es así, que si entre los objetos hay un balón, elegirá la pelota, pero si se retira esta última, el perro elegirá el balón porque reconoce las semejanzas y deduce que están en la misma categoría.
  • Poseen la capacidad de imitar, tanto a sus congéneres como a los seres humanos. Esto es fundamental en el aprendizaje social y no todos los animales tienen esta capacidad.

En cuanto a los estudios realizados, cuando un perro era premiado si imitaba una acción realizada por un humano, como abrir una puerta empujándola, su tiempo de aprendizaje era sensiblemente inferior que si tenía que resolverlo por sí mismo.

  • Saben adaptar su capacidad de comunicación. Según se ha comprobado, un perro sabe modular sus vocalizaciones para hacerse entender, especialmente por su propietario, pero también es capaz de elegir si debe dirigirse a alguien que tiene los ojos vendados o no cuando quiere conseguir algo.

Aun así, no todos los expertos están de acuerdo con esto porque el perro no es una especie tan visual como la humana, sino que se rige más por el olfato.

  • Muestran actitudes empáticas. Cuando un perro se encuentra con otro que ha salido malparado en una pelea, lo habitual es que se acerque con actitudes que nos recuerdan al consuelo. Además, en un estudio que consistía en hacer que alguien fingiera llorar entre un grupo de personas que hablaban de manera natural, la mayoría de los perros se acercaban a la persona que “lloraba”.

Vínculo entre inteligencia canina y raza

En 1994, Stanley Coren publicó el libro “The Intelligence of Dogs”, que en su edición española recibió el título de “La fabulosa inteligencia de los perros”. En esta obra, Coren identificó tres tipos de inteligencia canina: adaptativa, funcional (o de trabajo) e instintiva. Asimismo, Coren estableció diversos niveles según el número de repeticiones que necesita un perro para aprender y el porcentaje de veces que responde a la orden.

Por este motivo, la clasificación de razas inteligentes desarrollado por Coren se basa en la inteligencia funcional, con lo que son las razas “de trabajo” las que salen ventajosas, frente a las razas más de compañía.

Esta es la razón principal por la que un Labrador Retriever ocupa uno de los primeros lugares en estas clasificaciones (7), el Yorkshire Terrier está en los puestos medios (37) y el Bulldog Francés se queda descolgado completamente (111).

Las 10 razas de perro más inteligentes según Stanley Coren

  1. Border Collie
  2. Caniche
  3. Pastor Alemán
  4. Golden Retriever
  5. Dóberman
  6. Shetland Sheepdog
  7. Labrador Retriever
  8. Papillon
  9. Rotweiler
  10. Pastor Australiano

¿Todos los perros de una misma raza son igual de inteligentes?

En estudios realizados con perros de la misma raza, se ha determinado que no todos obtienen la misma calificación, sino que los hay mejores y peores en lo que a resolución de un problema se refiere. Por si fuera poco, no todos los individuos destacaban en todas las pruebas, sino que unos eran excelentes a la hora de resolver una prueba pero pésimos en otras y viceversa.

En definitiva, la inteligencia del perro no es algo que determine la raza, sino que es el adiestramiento el que desarrollará el máximo potencial de cada uno.

Aristóteles dijo que la diferencia entre la inteligencia humana y la canina no estaba en la calidad, sino en la cantidad. ¿Tú qué opinas?

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Lo que todo perro debe saber

comportamiento-perroLos perros, como nosotros, no nacen enseñados. Así que, dependiendo de distintos factores es necesario dedicar más o menos tiempo y esfuerzo a su aprendizaje, especialmente de algunos comportamientos básicos.

Estas órdenes básicas de obediencia son el fundamento para que el perro pueda aprender cosas más complejas, por lo que son imprescindibles en su proceso de aprendizaje. En realidad, este primer nivel en obediencia canina incluye las órdenes sentarse, tumbarse, permanecer quieto, acudir a la llamada y caminar junto al dueño con la correa, pero tres de ellas son imprescindibles: sentado, quieto y acudir a la llamada.

Cómo enseñarle las órdenes básicas

El mejor sistema de enseñanza para el perro es el basado en el refuerzo positivo, es decir, mediante el uso de premios que refuercen las conductas apropiadas. Por tanto, adiós al castigo o al refuerzo negativo en el adiestramiento, ya que pueden provocar efectos muy perniciosos para el perro.

Cada una de las órdenes básicas solo requiere la realización de unos ejercicios específicos y muy sencillos, así como un mínimo de paciencia y constancia para conseguir resultados excelentes.

Otra cosa importante es que las sesiones de adiestramiento sean cortas, para no cansar al perro (sobre todo a los cachorros) y avanzar al ritmo que permita el animal, sin forzarle. Dos o tres sesiones diarias de no más de cinco minutos, con períodos de juego intercalados, suelen ser suficientes.

Sentado
La mejor forma de conseguir que un perro se siente es situarse enfrente de él, sosteniendo un premio de comida en la mano, y llevar esa mano hacia su nariz, moviéndola a continuación ligeramente hacia arriba y atrás. Con este movimiento el animal adopta una postura con la intención de conseguir el premio que desplaza su centro de gravedad hacia la parte trasera de su cuerpo, de modo que acaba por sentarse. Tan pronto como el animal apoye sus cuartos traseros en el suelo, se le felicita e inmediatamente se le da el premio.

Posteriormente, cuando haya superado este paso, se añade al proceso la orden “sentado” (o la que se elija, pero siempre la misma) antes del gesto con la mano, para que asocie el hecho de sentarse con la orden verbal.

El último paso consiste en repetir el anterior, pero sin tener comida en la mano, de manera que el premio aparezca de un bolsillo o de una riñonera donde estén los premios una vez que el perro se haya sentado.

Si se levanta para coger el premio, entonces simplemente se le retira y no se le da hasta que se vuelva a sentar.

Quieto
Para enseñar a un perro a permanecer quieto, antes debe conocer perfectamente la orden “sentado”.

Para empezar, se indica al animal que se siente, se le elogia verbalmente y se le premia. A continuación se le dice “quieto” y se le señala la posición con la mano (brazo estirado con la palma hacia el perro), sin movimientos por nuestra parte. Si el perro no se mueve, se le felicita y se le da un premio.

Después se repite el ejercicio pero dando un pequeño paso hacia atrás, se vuelve a pronunciar la palabra “quieto” después de hacerlo y se regresa hacia el perro al tiempo que se repite “quieto” y se le da el premio si ha permanecido en la posición.

Es muy importante utilizar una mano solo para señalar la posición y la otra solo para dar los premios, con ello se evita que se levante al acercar la mano al animal para señalarle la posición porque huele a comida.

Poco a poco se va incrementando la distancia y el tiempo que se queda en la posición sin moverse, pero nunca se deben incrementar las dos cosas a la vez, es decir, si se aumenta el tiempo se debe mantener o incluso reducir la distancia y viceversa.

Por último, hay que tener una “orden de liberación”. Esto significa que después de hacer varios “quietos”, debe haber una palabra que le indique que el ejercicio se ha acabado y que ya se puede levantar. Esta orden puede ser “venga”, “arriba”, etc. Hay que animar mucho al perro para que se levante y entienda que eso está bien. Si lo hace, le felicitaremos efusivamente por haberlo comprendido.

Acudir a la llamada
Suele ser la orden más complicada de enseñar. Por ello, es mejor empezar a practicarla en casa aprovechando el momento en que el perro se aproxima voluntariamente para decirle “ven”, a la vez que se le da un premio por llegar hasta donde estemos. Así acaba comprendiendo lo que significa la palabra “ven”.

Luego puede practicarse un juego con dos personas, situándose cada una en una parte de una estancia o de la casa, llamando alternativamente al perro y premiándole por acudir.

Después hay que hacerlo en la calle, pero teniendo presentes algunas cuestiones importantes, entre las que están, practicarlo en lugares seguros y donde las distracciones sean mínimas, no solicitarle jamás la orden si existen posibilidades evidentes de que no va a prestar atención, pedirle la orden con alegría y efusividad, a la vez que nos ponemos en cuclillas, para motivarle aún más. También es muy adecuado volver a dejarle que se aleje después para que no asocie la llamada con la restricción de permanecer junto a su dueño.

Finalmente un truco, cuando sea necesario que venga para volver a casa, no se le da la orden sino que se aprovecha algún momento en que esté cerca para sujetarlo, con su correspondiente elogio, claro.

Tres cuestiones fundamentales para mejorar la comunicación con el perro

Cómo mejorar la comunicación con el perro

Quienes compartimos la vida con perros sabemos muy bien la gran capacidad para comprender un gran número de palabras y que en no pocas ocasiones somos nosotros quienes no terminamos de comprender qué quieren ellos.

Tampoco conocemos con exactitud cómo los perros interpretan y recogen la información que nosotros emitimos y que marcan importantes pautas de su comportamiento y, por tanto, de sus reacciones.

En realidad nuestro perro no entiende el significado abstracto (en el sentido humano) de las palabras, pero hace tiempo que las grandes dotes de comprensión, inteligencia y memoria de los perros quedaron demostradas. A este respecto, en el año 2004, un equipo científico del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, en Alemania, comprobó que Rico, un Border Collie que por entonces tenía 9 años, poseía una capacidad de relacionar palabras con objetos análoga a la de un niño de 3 años y que logró acumular un “vocabulario” de más de 250 palabras.

También está constatado que para mejorar la comunicación con el perro existen tres cuestiones fundamentales:tomar conciencia de las palabras clave de nuestro mensaje, el tono en que las decimos y los gestos asociados a lo que le queremos comunicar.

1. Palabras clave. Es muy conveniente que para comunicarnos con él utilicemos palabras cortas, mejor con una o dos sílabas, acompañadas de gestos que apoyen claramente lo que le queremos decir. Las frases largas, como “qué agradable paseo vamos a dar, ¿verdad?”, carecen de significado para el perro; para él será mucho más fácil de comprender un “vamos” o “a la calle”.

2. El tono de la voz es primordial, ya que una frase como “te he dicho que salgas de ahí” dicha con suavidad y poca firmeza no solo no hará que el perro no nos obedezca, sino seguramente la confundirá con una orden de cercanía y afecto, por ejemplo. En ese caso es más eficaz un “sal” o “fuera” pronunciado con un tono firme.

3. El lenguaje corporal asociado. Si en todo el proceso de aprendizaje el perro percibe un gesto concreto asociado al mismo mensaje verbal, con el tiempo puede reaccionar solo con el gesto. Así, si con la orden “ven” le hacemos siempre el mismo gesto, por ejemplo, agacharnos, una vez que el perro haya asociado ese gesto con la orden de venir, tan solo tendremos que agacharnos para conseguir que venga.

Un ejemplo muy común (e involuntario) de lenguaje corporal es coger la correa y el collar para salir a la calle, ¡seguro que tu perro salta inmediatamente desde donde esté aunque no le digas la más mínima palabra!

La agresividad por miedo

Agresividad por miedo en el perro

Los perros pueden reaccionar con miedo ante diferentes animales, personas o situaciones por distintas razones (experiencias traumáticas, falta de socialización, características genéticas, etc.).

Cuando se asustan, los perros pueden emplear diversas estrategias para enfrentarse a los individuos o situaciones que les amedrentan o amenazan. Las estrategias utilizadas pueden variar desde la inmovilización (conocida como freezing en el argot psicológico) hasta la agresión, pasando por la huida, la ocultación o el apaciguamiento.

Por qué algunos perros usan la agresividad como forma principal de actuar ante esos estímulos amenazadores es una función que combina distintos factores. En algunos es muy importante la predisposición genética e individual; sin embargo, en la mayoría de los casos es el aprendizaje el que hace que el perro reaccione de esa manera.

Por ejemplo, si un perro intenta apartarse de la gente que le quiere acariciar, pero por estar atado no consigue alejarse de ellos y modifica su actitud, pasando a gruñir o enseñar los dientes, puede aprender que entonces sí logra mantener a esas personas a distancia. A partir de ahí, puede desarrollar esa estrategia e incluso llegar a morder para evitar el estímulo amenazante.

¿Cómo saber si mi perro es agresivo por miedo?

La agresividad por miedo se caracteriza por poder dirigirse hacia cualquier individuo o animal, tanto de la familia como conocido o desconocido –aunque son los desconocidos los más afectados habitualmente–, cuando intentan tener contacto o castigar de alguna forma al perro.

Este tipo de agresividad se encuadra dentro de los problemas de agresividad reactiva, es decir, que aparece en respuesta a las acciones del otro individuo. Por tanto, suele observarse cuando una persona intenta tocar, abrazar, coger, acariciar o jugar con el perro, acercarse a él o pasar a su lado, regañarle, reprenderle o castigarle de alguna manera, bañarle, secarle, limpiarle, sacarle de un escondite, etc.

En el caso de otros perros, si estos intentan montar, subirse encima o jugar de forma muy “brusca” con el animal miedoso, pueden desencadenar la agresividad.

La agresividad por miedo puede aparecer en perros de cualquier raza, sexo y edad.

Normalmente el animal muestra una postura agazapada típica del miedo (cola baja, orejas hacia atrás, mirada desviada, etc.) y no es raro que este tipo de agresividad parezca, al menos en parte, “imprevisible”. Esto es debido a que muchas veces no se reconocen las señales características del lenguaje corporal canino que anteceden a la agresión y que indican que el animal está asustado o no se encuentra cómodo ante el contacto con esos individuos.

Sin embargo, en algunos casos los perros que agreden por miedo pueden parecer mucho más “valientes” y seguros. Esto es debido también al efecto del aprendizaje, que hace que el perro tenga mucha más seguridad de que su actitud logrará “mantenerle a salvo”.

¿Qué puedo hacer si mi perro presenta agresividad por miedo?

Como solemos decir, la mejor cura es la prevención. Por tanto, lo ideal sería socializar adecuadamente al cachorro y evitar que pueda sufrir experiencias traumáticas.

Si esto no ha ocurrido y ya ha aparecido el problema, la mejor opción es ponerse en contacto con un profesional para que haga un diagnóstico apropiado de la situación y decida qué tratamiento puede ser el más conveniente, ya que en las manos adecuadas es un tipo de agresividad que tiene muy buen pronóstico, en general.

En cualquier caso, una buena recomendación si estamos seguros de que el animal reacciona agresivamente por miedo, es no enfrentar al perro a los estímulos que desencadenan la agresión, ya que cualquier cosa que hagamos cuando agrede solo logrará mantener o empeorar su conducta.

Si quieres conocer más cosas que debes evitar en caso de que tu perro sea agresivo, no dejes de ver este vídeo.

Las primeras noches del cachorro en casa

Las primeras noches del cachorro en casa

Es normal que un cachorro llore, gima o ladre cuando le dejamos en su sitio para dormir las primeras noches en su nueva casa. Se debe tener en cuenta que estar solo es algo completamente nuevo para él; desde que nació, ha estado acompañando en todo momento por su madre y sus hermanos y de repente ha sido separado de ellos. Esta separación suele provocar una reacción de estrés que es común a todos los animales sociales (incluido el hombre) y que tiene como finalidad volver a reunir al cachorro con su grupo familiar.

Como es lógico, no todos los cachorros se comportan igual, por lo que algunos dejan de llorar pasados un par de días y otros lloran por las noches durante varias semanas, pero solo en algunos casos esto se puede convertir en un problema duradero.

¿Cómo proceder?

  • Dejar al cachorro en el sitio elegido para dormir una media hora antes que sus dueños se acuesten para poder evaluar cómo reacciona el cachorro ante el aislamiento. Esto, además, puede ayudarle a estar solo en tanto percibe la presencia de sus propietarios en las cercanías.
  • El sitio elegido para que el cachorro descanse por la noche sea una estancia donde esté tranquilo, sin ruidos excesivos o atemorizantes, que pueden provenir tanto de la casa como de la calle. Debe encontrarse a gusto y seguro.
  • Para aumentar la seguridad del animal en su lugar de descanso se puede hacer varias cosas. Una es realizar actividades agradables con él en ese sitio, por ejemplo, jugar, acariciarle de alguna manera que le guste mucho o practicar órdenes sencillas de obediencia con refuerzo positivo.
  • También se puede asociar su colchoneta o cesta con algo muy bueno, por ejemplo, algún juguete que le guste mucho y enseñándole a que juegue con él principalmente en su colchoneta. Si el cachorro en algún momento decide irse voluntariamente a descansar a su cesta, se le debe premiar inmediatamente con elogios y caricias o incluso con algún premio comestible.
  • Asimismo, se puede colocar en la estancia donde va a dormir el cachorro un difusor de feromona apaciguadora canina (hay varias marcas en el mercado). Debe situarse cerca de su cesta y una semana antes de su llegada, aproximadamente. Los estudios que se han hecho han observado que el número de noches que el cachorro llora se reduce prácticamente a la mitad cuando se utiliza esta feromona sintética.
  • Según la época del año y la zona donde vivamos, es muy importante prestar atención a la temperatura de la habitación. Es primordial que no pase frío, ya que esto dificultará que se duerma. Esto es esencial en todos los cachorros, pero cobra mayor importancia en aquellos de razas pequeñas o con poco pelo o muy fino.
  • Las características de su colchoneta o cesta también son relevantes: deberá estar mullida, aislada del suelo y tener un tamaño adecuado para él. A este respecto, aunque hay diferencias en las preferencias según los cachorros, si es demasiado grande puede no resultarle agradable.

Para algunos animales todas estas medidas son insuficientes. En ese caso:

  • Poner una prenda de ropa con el olor del propietario “preferido” en su colchoneta porque puede darle una mayor sensación de seguridad.
  • También puede venir bien practicar períodos cortos de aislamiento durante el día, dejándolo en su sitio con algún juguete que le entretenga mucho durante ese rato, para que le resulte más fácil tolerar las noches. Es muy importante calcular el tiempo que el cachorro puede estar solo sin llorar y empezar por tiempos cortos, que se van aumentando progresivamente.

Finalmente, algo muy importante, por la mañana se debe esperar a tener contacto con el cachorro o a no dejarlo salir de su sitio hasta que esté tranquilo y no ladre o llore. Si se responde a sus lloros, lo único que se conseguirá es potenciar más la conducta que se desea corregir.