Gatos y escritores famosos: seis escritores que amaron a los felinos

El mundo del arte siempre ha sentido fascinación por el gato, así que no son pocos los pintores, escultores, fotógrafos y músicos que se han sentido atraídos por él.

También los escritores forman parte de ese grupo tan especial porque a través de sus palabras han dejado patente su amor por los gatos y el gran vínculo que establecieron con ellos.

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Los gatos y la tecnología

Gatos y tecnología. ¿Cómo les afecta?

A lo largo de la historia, los felinos domésticos han tenido que adaptarse a la convivencia con todos los avances que el ser humano ha ido incorporando a su entorno, lo que afecta, por supuesto, al interior del hogar desde que el gato es una mascota.

Así, desde el manejo primitivo del fuego hasta las tabletas electrónicas, los gatos han ido tomando contacto directo con todo tipo de novedades que hemos ido incorporando a nuestra vida. En algunos casos esto ha supuesto un disfrute compartido, pero en otros casos se ha convertido en un riesgo y, en lo que respecta a las últimas tecnologías, ha significado un cierto distanciamiento entre el gato y su propietario.

Si bien es imposible saber cómo reaccionaron los “primeros” gatos domésticos que tuvieron relación con el fuego y cómo fueron habituándose a él tras cada generación, lo que sí podemos asegurar es que no todos los gatos son iguales, así que cada uno puede reaccionar de una manera particular frente a un mismo estímulo, lo que puede depender de la propia socialización del gato y del grado de familiarización que tenga con dicho artilugio.

Entre los aparatos que llevan en nuestros hogares desde hace varias generaciones están, por ejemplo, la lavadora, el aspirador o el televisor. En el caso de la lavadora, puede ser un riesgo para el gato, ya que si dejamos la puerta del tambor abierta y se mete sin que nos demos cuenta antes de ponerla en marcha, el resultado será fatal para nuestro gato prácticamente con toda seguridad.

Por su parte, el televisor puede suponer un entretenimiento para el gato, ya que los hay que observan las imágenes, especialmente cuando son de otros animales. Aun así, no debemos sorprendernos si nuestro gato no se fija en la televisión, ya que es lo más habitual.

Entre los aparatos que el gato no suele aceptar con agrado destaca el aspirador, ya que el ruido intenso que hace le produce un miedo al que no suele acostumbrarse. En cambio, existen gatos que, lejos de asustarse, se suben al aspirador, como si de un vehículo particular se tratara, a modo de juego, incluso los hay que se dejan aspirar. ¿Les parecerá un masaje agradable?

Los quemadores de las cocinas también han evolucionado, de modo que muchos han dejado atrás la llama directa del fuego. Esto ha supuesto una ventaja para nosotros, pero el gato corre el riesgo de quemarse si tiene acceso, por ejemplo, a una vitrocerámica que esté encendida, ya que él ha evolucionado para reaccionar frente al fuego como tal, pero es incapaz de prever las consecuencias graves de una placa al rojo vivo.

Por otra parte, existen artilugios “tecnológicos” creados pensando en el gato, como las fuentes de agua corriente para que disponga constantemente de agua fresca y en movimiento, dispensadores automáticos de alimento, ruedas de ejercicio que nos recuerdan a las de los hámsteres pero adaptadas a las características físicas del gato, incluso láseres que proyectados sobre las superficies promueven el impulso predador del gato y su deseo de alcanzarlo. Dado que todas ellas están ideadas para el gato, no suelen suponer riesgo alguno para él.

Más recientes y quizá por ello menos extendidas son las instalaciones electrónicas que, con cámaras instaladas por la casa, permiten ver al gato allá donde estemos, hablar con él y dispensarle su alimento con una llamada de teléfono. También se han desarrollado aplicaciones para dispositivos móviles, con juegos específicos para que el gato practique sus instintos de acecho, caza, persecución.

Llegados a este punto, nos vemos obligados a recordar que el gato puede disfrutar con los avances tecnológicos, pero nunca a costa de nuestra relación con él, que debe seguir siendo lo más cercana posible.

¡Nos comprenden!

¿Nos comprenden los gatos? En la Universidad de Viena se ha realizado un estudio que confirma que los gatos poseen un grado muy alto de empatía con sus dueñas, sí, en femenino.

Este estudio ha sido publicado en la revista Behavioural Processes y para llegar a esta conclusión realizaron un análisis de 41 relaciones entre los gatos y sus dueños, tanto hombres como mujeres. Así, pudieron comprobar que las relaciones de los gatos con sus dueñas se puede calificar como de verdadero amor.

Según la coautora del estudio, Dorothy Gracey, esto se debe al comportamiento de la mujer, que tiende a interactuar más con su gato que el hombre y a que también tienen una mayor empatía que los hombres.

Asimismo, ha quedado patente la capacidad del gato para recordar los favores que reciben de sus dueños, de modo que los gatos que son recompensados con caprichos suelen ser capaces de atender mejor las necesidades de sus dueños, en este caso sin una preponderancia muy acusada del sexo femenino.

Está claro que este estudio puede acabar con el mito de que los gatos son seres fríos, que actúan solo por el interés y completamente independientes, lo que es más evidente cuando el dueño es una mujer.

Gatos de ojos azules

Gatos de ojos azules

Los gatos pueden tener los ojos de muy variados colores y de diversa intensidad, verde esmeralda, naranja cobre, amarillo ámbar, etc. Sin embargo, entre todos ellos hay uno que destaca, el color azul. En la mayoría de los casos, esta característica se debe a unos patrones genéticos perfectamente determinados, por lo que si quieres asegurarte que tu gato tenga los ojos azules, debes conocerlos.

Así, está contrastado que todos los gatos de color “siamés” tienen los ojos azules. Otros gatos que pueden tener los ojos azules, aunque en este caso no está asegurado, son los que tienen el pelo blanco. Una curiosidad de los gatos de color blanco es que no solo pueden tener los ojos azules, sino que pueden tener los dos ojos de otro color (naranja o verde, por ejemplo) y ¡un ojo de cada color!, es decir, un ojo de color azul y el otro de un color diferente.

Aparte, también los gatos con el patrón van, que consiste en que todo el cuerpo es de color blanco excepto la cola y pequeñas manchas en la cabeza (que pueden ser de cualquier color), pueden tener los ojos azules o uno de cada color, aunque no es lo más habitual.

El otro grupo de gatos que tienen los ojos azules han formado una raza propia, llamada Ojos Azules, así en español, en todos los países del mundo. Su cualidad más destacada es que tengan el color de manto que tengan, su color de ojos siempre es el azul.

Si te gustan las razas felinas y te interesa conocer cuáles tienen los ojos azules, debemos empezar por el Siamés, pero también están el Balinés, el Ragdoll y el Sagrado de Birmania, por citar solo algunas. Asimismo, están las versiones “siamés” de otras razas, como en el Persa o el Siberiano.

Si eres propietario de un gato de ojos azules y su color de pelo es blanco, es fácil que no te oiga cuando le llames porque sea sordo. La sordera, aunque tradicionalmente se creía ligada al color azul de los ojos, en realidad está ligada al color blanco del pelo. Oigan o no, serán gatos increíblemente bonitos, como todos, porque, ¿quién conoce a un gato feo?

Cómo conocer el sexo de algunos gatos solo por su color

Cómo conocer el sexo de algunos gatos solo por su color

¿Alguna vez has visto a alguien “adivinar” el sexo de un gato por su color? ¿Quieres aprender tú a hacer lo mismo? Pues es muy fácil, si ves un gato tricolor o jaspeado a mechas puedes asegurar, casi al cien por cien, que se trata de una hembra.

Si quieres saber más, es imprescindible que nos acerquemos al apasionante y a veces difícil mundo de la genética. Pero no te asustes, que solo se trata de explicar algunos fundamentos sencillos. El primero es recordar que todos los seres vivos tienen un número concreto de cromosomas autosómicos, que en el caso del gato es de 38, divididos en pares (19).

Adicionales a este número de pares de cromosomas existe un par que determina el sexo del individuo, llamados cromosomas sexuales. Estos cromosomas son el X y el Y, al que también llaman X incompleto. En los mamíferos, los machos tienen un cromosoma sexual X y otro Y (XY); en cambio, las hembras tienen dos cromosomas X (XX).

Por otra parte, existen dos grupos de pigmentos presentes en el manto de los gatos, las eumelaninas, las responsables de los pigmentos de color negro, y las feomelaninas, que proporcionan los pigmentos de color rojo o anaranjado), cuya acción está determinada por un gen simple que se aloja en el cromosoma sexual X.

Según esta teoría, los machos solo pueden tener un gen que determine el tipo de pigmento que se fija en el pelo, por lo que solo pueden mostrar uno de estos colores, el negro o el rojo. En cambio, las hembras pueden tener los dos genes a la vez, uno en cada cromosoma X, razón que permite que muestren una combinación jaspeada del rojo con el negro.

Este tipo de gatas suelen recibir la denominación de “concha de tortuga” o carey, aunque hoy día se ha extendido más la denominación de tortuga a secas, especialmente en el mundillo de las exposiciones. Aunque es fácil de deducir, vamos a explicar por qué hay gatas negras o rojas por separado: tienen el mismo gen que determina la fijación de un pigmento u otro en los dos cromosomas X, lo que se denomina homocigosis; es decir, en ambos cromosomas X está el gen del color rojo o el gen del color negro. Por supuesto, también nos referimos a las tonalidades diluidas de estos colores, que son el crema y el azul (o gris), respectivamente.

Ahora abordamos un tema algo más complicado, ya que todo lo descrito se refiere a los pigmentos del manto no a los patrones (bicolor, atigrado, colorpoint, etc.), que están controlados por los cromosomas autosómicos, es decir, los que no son sexuales. No obstante, cualquier patrón se ve sometido a la presencia de un pigmento u otro, de modo que existen gatos negros atigrados, más conocidos como “brown tabby”; siameses rojos, “red point”, o bicolores negros, bicolores rojos o tricolores, etc.

Para concretar, si ves un gato con el manto tricolor (rojo, negro y blanco) o jaspeado en negro y rojo (carey) o azul y crema, puedes asegurar casi sin temor a equivocarte que se trata de una hembra. ¿Por qué decimos “casi”? Porque hay algunos machos con esta característica, pero se trata de una anomalía genética, en tanto tienen dos cromosomas X y uno Y (XXY), y que los hace estériles. En cualquier caso, no es muy frecuente.

Mitos y verdades sobre los gatos en el refranero

Mitos y verdades sobre los gatos en el refranero

Los refranes que tienen al gato como protagonista principal son numerosísimos. Algunos de ellos son verdad y otros meras opiniones ya desfasadas, pero lo curioso es que algunos de estos refranes utilizan al gato como representación del hombre y su comportamiento en su forma más metafórica. ¿Coincide nuestra opinión con la tuya?

“Llevarse como el perro y el gato”. Es verdad que en su estado natural se trata de dos predadores que lucharían entre sí por los recursos, de ahí que desde tiempos remotos se haya considerado que se trata de una relación imposible. Sin embargo, como ya está demostrado, el gato y el perro pueden establecer vínculos muy cercanos, especialmente si están acostumbrados desde pequeños. Si bien este refrán sobre su enemistad es el más conocido, hay otros que avalan su amistad: “Cuando hay trato, amigos pueden ser el perro y el gato” o “El trato engendra amistad entre el perro y el gato”.

“Siete vidas tiene un gato”. Está inspirado en la excepcional agilidad y gran equilibrio de los que hacen gala los felinos domésticos, que parecen estar dotados de una capacidad casi inquebrantable para vencer las adversidades y salir ilesos de caídas al vacío. Algunos propietarios siguen creyendo que esta resistencia, combinada con la idea de que “los gatos siempre caen de pie” (otra expresión archiconocida), hace que sobreviva a caídas desde grandes alturas. Esto es un error que pone en peligro la integridad física del gato. Por ello, ¡sigamos vigilando los sitios por los que nuestro gato pueda precipitarse al vacío!

“Gato con guantes no caza ratones”. Obviamente, se trata de un refrán metafórico ideado para poner de manifiesto que cualquier actividad debe desempeñarse con las herramientas adecuadas, es decir, que se deben utilizar los recursos idóneos para alcanzar un fin concreto. En lo que afecta al gato, para él tienen mucha importancia sus uñas y si se ve privado de ellas sufrirá graves consecuencias. Por esta razón desde Royal Canin desaconsejamos la operación de extirpación de las uñas. Otro refrán semejante e igual de simbólico es “Gato con guantes no caza, pero amenaza”.

“El perro es de su amo y de la casa el gato”. Pone de manifiesto el fuerte vínculo que tiene el gato por su territorio, que comparado con el apego que muestra el perro puede hacer creer que se trata de un animal asocial. Es verdad que los gatos de casa conservan su instinto territorial, pero también lo es que se trata de seres muy unidos a los miembros de la familia, con los que le encanta relacionarse.

“Sardina que lleva el gato, tarde o nunca vuelve al plato”. Se trata de una verdad que va más allá de la realidad cotidiana y el mero hecho de la habilidad del gato para conseguir su sustento. Independientemente de su vigencia, te recordamos la necesidad de que ni por descuido ni por simple capricho tu gato coma lo que no debe. Otro refrán muy parecido es “La presa que robó el gato, no vuelve jamás al plato”.

“Gato gordo, honra su casa”. Este es uno de los refranes más obsoletos sobre gatos. Quizá en el pasado un gato gordo fuera signo de la riqueza de su propietario, pero hoy día está claro que un gato gordo es un gato con mucho riesgo de padecer enfermedades asociadas a la obesidad.

Hay muchos más e igual de conocidos, como “Llevarse el gato al agua”, “La curiosidad mató al gato”, “De noche todos los gatos son pardos”, “Gato dormilón no pilla ratón”, “Gato maullador no es buen cazador” o “Si nada sobra en tu plato, no tengas perro ni gato”, pero los dejamos para otra ocasión.

¿Será verdad que los gatos traen suerte?

¿Será verdad que los gatos traen suerte?

En nuestra cultura ha estado muy calada la creencia de que los gatos, especialmente los negros, traían mala suerte, pero esto no siempre ha sido así ni tampoco en todas las culturas. Así, existen numerosas leyendas que presentan al gato como un animal capaz de atraer la abundancia y la buena suerte a su compañero humano.

De todos los gatos que han traído suerte a su propietario destaca el protagonista de un cuento de Perrault, “El gato con botas”, un animal tan inteligente que consigue que el hijo de un pobre molinero herede todo un reino y se case con una bella princesa.

Otra leyenda está localizada en Reino Unido durante el siglo XVI y la protagoniza lord Richard Whittington, un niño procedente de una familia pobre que se hace rico gracias a las dotes de cazador de su gato. Como parte de la leyenda, se asegura que este personaje consiguió ser alcalde de Londres y que construyó el palacio que actualmente alberga la Bolsa de comercio de dicha ciudad.

Otros intrépidos cazadores de ratones son los protagonistas de la leyenda que hay sobre la fundación de la bella ciudad de Venecia. Se cuenta que un hombre pobre que viajaba con dos gatos se asocia con un hombre rico mientras huían de la devastación que el rey de los hunos, Atila, estaba haciendo en la ciudad de Aquila. Ambos se refugian en la isla que luego sería Venecia, que estaba infestada de ratones, donde los felinos consiguen vencer a los roedores y hacen ricos y famosos a sus propietarios.

Sin embargo, hay más leyendas por todo el mundo, algunas menos conocidas, que ponen de manifiesto el ingenio y creatividad de nuestros gatos imaginarios. Por ejemplo, en Japón y en China tenemos al Maneki-Neko, un gato que, al rescatar a un señor feudal de una muerte segura por un rayo durante una tormenta, llevó la buena fortuna a su amo, sacerdote de un empobrecido templo, por acoger a este rico señor feudal.

También muy lejos, en la exótica Tailandia, antiguo reino de Siam, la raza de los enigmáticos gatos azules Korat se considera fuente de armonía y felicidad. Su nombre original era Si-Sawat, que significa “buena suerte”, y era costumbre regalar una pareja de gatos Korat a las novias en el momento del enlace.

Como vemos, hay muchas posibilidades de que nuestro gato, además de ser siempre creativo para realizar nuevas travesuras y así hacer nuestras delicias, nos guíe con su buena fortuna por los caminos de la felicidad. De todas maneras, no cabe duda de que las satisfacciones que nos dan cada día son la mejor recompensa.

Los nudos en la cola

Los nudos en la cola

Dentro de la anatomía del gato destaca la cola, que nace a partir de la última vértebra sacra y tiene entre 20 y 24 vértebras; en realidad no se trata de vértebras propiamente dichas, en el sentido de que su estructura va cambiando según se van acercando a la punta de la cola (se van haciendo cada vez más pequeñas y finas) ni tienen la misma funcionalidad que las vértebras de las columna.

Lo normal es que todas las vértebras caudales, que es la denominación técnica que reciben, estén separadas entre sí por discos intervertebrales –semejantes a los que hay separando las vértebras de la columna–, lo que dota a la cola de gran movilidad, muy útil para mantener el equilibrio durante un salto, por ejemplo, aparte de para comunicarse con otros animales.

Sin embargo, en ocasiones puede producirse alguna alteración en esta estructura, que suele ser congénita y genética; es decir, el gato nace con ella y la ha heredado de alguno de sus progenitores o de los dos. Las alteraciones más comunes son la fusión intervertebral, la presencia de algún gancho en algún punto de la cola (en ocasiones puede haber más de uno), la ausencia de algunas vértebras, que puede aparecer junto con algún gancho (lo que produce una cola más corta de lo normal) y la ausencia total de vértebras caudales, lo que produce gatos con ausencia total de cola, o anuros (como los anfibios).

Por regla general, la fusión de las vértebras no produce hipersensibilidad en la zona, aunque sí falta de movilidad; en cambio, el nudo o gancho sí que suele suponer una zona hipersensible en la cola, por lo que el gato suele rehusar que se manipule, incluso que se le acaricie.

Curiosamente, algunas razas felinas se han desarrollado por la presencia de alguno de estos trastornos, tal es el caso del Manx, que no tiene cola, y del Bobtail Japonés, que debe tener la cola muy corta y con un gancho o dos. Sin embargo, ninguna raza de cola larga admite la presencia de vértebras soldadas.

Existe la idea popular de que los gatos Siameses que tienen la cola con un gancho son más puros que los que no lo tienen, pero esta creencia es falsa en tanto el estándar de la raza dice expresamente que no puede haber ninguna anomalía a lo largo de la cola. Esta idea popular se ha extendido porque en los primeros años de la llegada a Occidente del Siamés nacían algunos ejemplares con alguna malformación en la cola (esto también sucedía en los gatos silvestres, pero por aquella época no se les prestaba atención aunque recibían el nombre de gatos rabones) y se fue extendiendo una idea falsa.