Como el perro y el gato

COMO EL PERRO Y EL GATO Si hay una expresión que se ha popularizado hasta límites insospechados, teniendo como protagonistas a los animales de compañía con los que convivimos, esa es, con total seguridad, “llevarse como el perro y el gato”. Como todos sabéis, dicha expresión alude a las malas relaciones entre dos personas, ¿pero es así realmente entre las dos especies de animales mencionadas? Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que en parte sí y en parte no. Muchos seréis testigos de perros que conviven en perfecta armonía con gatos, y viceversa, sin que en ningún momento aparezcan disputas o peleas entre ellos. Pero muchos también habréis visto que algunos perros persiguen, acosan y tratan de “atacar” a los gatos, especialmente a aquellos que se encuentran en la calle durante el paseo. Por su parte, algunos gatos bufan, gruñen e incluso muerden y, sobre todo, arañan a los perros que se les acercan, aunque lo hagan en actitud amistosa. Vemos, por tanto, que las relaciones entre los perros y los gatos pueden variar desde el “amor” más fraternal hasta la “inquina” más exagerada, pasando por el “desdén” o la simple falta de interés en el otro. Por supuesto, es una licencia utilizar tantos términos “humanos”, pero creemos que es más fácil de comprender. ¿De qué depende que un perro y un gato se lleven bien? Hay muchos factores que pueden afectar a la relación entre los perros y los gatos, incluyendo las experiencias previas que hayan tenido cada uno con la otra especie, el carácter (seguro y confiado, miedoso, inseguro, etc.) de cada uno de ellos, la intervención de los propietarios, etc. Sin embargo, hay un aspecto fundamental que favorece o dificulta las relaciones entre perros y gatos, la socialización. Como ya sabemos, mediante la socialización un animal es capaz de aprender a relacionarse con otros individuos, tanto de la misma especie como de otra diferente, con los que tendrá que convivir en un futuro. Es decir, el grado de socialización de un perro con los gatos y, en sentido contrario, de un gato con los perros, es lo que determinará de una manera muy importante que el perro o el gato se lleve bien o no con un nuevo gato o un nuevo perro. ¿En qué les afecta la socialización a ambas especies? En el caso de los perros, la socialización con los gatos tiene como fin más evidente evitar que el perro considere a los felinos como algo que cazar. Cuanta más relación y de mejor calidad, es decir, con buenas experiencias, tenga un perro con los gatos, más difícil es que muestre una conducta predatoria ante ellos, al menos, con los que convive habitualmente. Por su parte, la socialización de los gatos con los perros favorece una conducta más amistosa hacia ellos. De hecho, en un estudio que se publicó hace unos años, en el que estudiaban la relación de los gatos con los perros, observaron que los gatos que se habían acostumbrado a vivir con perros cuando tenían menos de 6 meses de edad, manifestaban conductas amistosas hacia ellos en un porcentaje que doblaba al de los gatos que habían comenzado a tener esa relación con más de 6 meses. Por tanto, según estas conclusiones, para asegurar en la medida de lo posible que un gato pueda convivir sin problemas con perros a lo largo de su vida, lo ideal es que empiece a hacerlo cuando es todavía un gatito pequeño. ¿Sólo pueden llevarse bien o mal? Por supuesto, además de los dos extremos de la relación social entre animales, los perros pueden relacionarse con los gatos, y viceversa, de una forma más “fría”, por así decirlo. No es raro encontrar casos de perros que se mantienen al margen de los gatos con los que conviven en la vivienda o de gatos que prefieren poner distancia por medio con el perro. ¿Esto es malo? No tiene por qué serlo. Sin embargo, ante comportamientos de este tipo lo mejor sería preguntar a un profesional que estudie con detalle la relación entre los animales para prevenir que pudiera haber algún problema en el futuro. Pablo Hernández. Etólogo veterinario Si hay una expresión que se ha popularizado hasta límites insospechados, teniendo como protagonistas a los animales de compañía con los que convivimos, esa es, con total seguridad, “llevarse como el perro y el gato”.

Como todos sabéis, dicha expresión alude a las malas relaciones entre dos personas, ¿pero es así realmente entre las dos especies de animales mencionadas? Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que en parte sí y en parte no.

Muchos seréis testigos de perros que conviven en perfecta armonía con gatos, y viceversa, sin que en ningún momento aparezcan disputas o peleas entre ellos. Pero muchos también habréis visto que algunos perros persiguen, acosan y tratan de “atacar” a los gatos, especialmente a aquellos que se encuentran en la calle durante el paseo. Por su parte, algunos gatos bufan, gruñen e incluso muerden y, sobre todo, arañan a los perros que se les acercan, aunque lo hagan en actitud amistosa.

Vemos, por tanto, que las relaciones entre los perros y los gatos pueden variar desde el “amor” más fraternal hasta la “inquina” más exagerada, pasando por el “desdén” o la simple falta de interés en el otro. Por supuesto, es una licencia utilizar tantos términos “humanos”, pero creemos que es más fácil de comprender.

¿De qué depende que un perro y un gato se lleven bien?

Hay muchos factores que pueden afectar a la relación entre los perros y los gatos, incluyendo las experiencias previas que hayan tenido cada uno con la otra especie, el carácter (seguro y confiado, miedoso, inseguro, etc.) de cada uno de ellos, la intervención de los propietarios, etc.

Sin embargo, hay un aspecto fundamental que favorece o dificulta las relaciones entre perros y gatos, la socialización. Como ya sabemos, mediante la socialización un animal es capaz de aprender a relacionarse con otros individuos, tanto de la misma especie como de otra diferente, con los que tendrá que convivir en un futuro.

Es decir, el grado de socialización de un perro con los gatos y, en sentido contrario, de un gato con los perros, es lo que determinará de una manera muy importante que el perro o el gato se lleve bien o no con un nuevo gato o un nuevo perro.

¿En qué les afecta la socialización a ambas especies?

En el caso de los perros, la socialización con los gatos tiene como fin más evidente evitar que el perro considere a los felinos como algo que cazar. Cuanta más relación y de mejor calidad, es decir, con buenas experiencias, tenga un perro con los gatos, más difícil es que muestre una conducta predatoria ante ellos, al menos, con los que convive habitualmente.

Por su parte, la socialización de los gatos con los perros favorece una conducta más amistosa hacia ellos. De hecho, en un estudio que se publicó hace unos años, en el que estudiaban la relación de los gatos con los perros, observaron que los gatos que se habían acostumbrado a vivir con perros cuando tenían menos de 6 meses de edad, manifestaban conductas amistosas hacia ellos en un porcentaje que doblaba al de los gatos que habían comenzado a tener esa relación con más de 6 meses. Por tanto, según estas conclusiones, para asegurar en la medida de lo posible que un gato pueda convivir sin problemas con perros a lo largo de su vida, lo ideal es que empiece a hacerlo cuando es todavía un gatito pequeño.

¿Sólo pueden llevarse bien o mal?

Por supuesto, además de los dos extremos de la relación social entre animales, los perros pueden relacionarse con los gatos, y viceversa, de una forma más “fría”, por así decirlo.

No es raro encontrar casos de perros que se mantienen al margen de los gatos con los que conviven en la vivienda o de gatos que prefieren poner distancia por medio con el perro.

¿Esto es malo? No tiene por qué serlo. Sin embargo, ante comportamientos de este tipo lo mejor sería preguntar a un profesional que estudie con detalle la relación entre los animales para prevenir que pudiera haber algún problema en el futuro.

Pablo Hernández. Etólogo veterinario