El lenguaje canino

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Los animales necesitan recibir información del entorno para sobrevivir. Como parte de esa supervivencia está la comunicación que establece con otros seres vivos, sean de su especie o de otra.

Para ello, el perro utiliza diversos métodos, desde la comunicación verbal (auditiva) hasta la olfativa, pasando por la corporal (visual).

A nosotros, tanto la comunicación auditiva del perro como la visual nos resultan “comprensibles”, ya que nosotros tenemos equivalencias en nuestra forma de comunicarnos, pero la comunicación olfativa nos resulta bastante sorprendente, especialmente porque nuestro olfato es inmensamente menos sensible que el del perro.

En cuanto al lenguaje visual del perro, este lo utiliza para comunicarse con otros perros que están relativamente cerca de él. Para ello el perro utiliza las posturas de su cuerpo, de su cola y de sus orejas.

Así, un perro con las orejas hacia atrás, el cuerpo agazapado y la cola entre las patas traseras deja bien claro que está amedrentado, que siente miedo o que rehúye el conflicto. Esta forma de comportarse nos resulta muy fácil de interpretar; sin embargo, el perro utiliza otras maneras de expresar apaciguamiento que no nos son tan familiares, por ejemplo, bostezar, retirar la mirada y lamerse el labio superior.

Otra forma de lenguaje visual que nosotros reconocemos inmediatamente y que el perro utiliza tanto con nosotros como con otros animales es el movimiento de la cola. Así, cuando el perro mueve su cola mientras la mantiene por debajo de la línea dorsal, lo habitual es que muestre alegría. Por el contrario, si mantiene la cola alta y la mueve lentamente, es que no tiene claro cómo reaccionar; es decir, no manifiesta miedo pero sí duda.

En cuanto al lenguaje auditivo del perro, podría ser el equivalente a nuestro lenguaje verbal pero reducido a varios sonidos principales con algunas variaciones.

Los principales sonidos del perro son el ladrido, el aullido, el gruñido, el gemido y el lloriqueo. Por su parte, el ladrido suele mostrar alarma y nerviosismo, que puede ser tanto negativo (signo de ansiedad o miedo) como positivo (signo de alegría). El aullido suele reservarse para la comunicación a largas distancias en los momentos de separación del grupo (hablamos del perro, no del lobo). El gruñido se utiliza, fundamentalmente, para los casos de conflicto, pero también aparece durante el juego, que no es más que una recreación inofensiva del ataque que va acompañada de gestos distintos.

Por último vamos a ver la parte de la comunicación canina que más extraña nos resulta pero que para ellos es primordial, la olfativa. Dado el gran poder del olfato canino, los olores son una fuente de información muy valiosa para ellos, que puede recibir de cerca o de lejos, es decir, cuando el perro no está presente pero ha dejado su marca olorosa.

Por ello, el perro es capaz de discernir características como el sexo, el estado reproductivo y si se trata de un animal dominante o sumiso. Todo esto gracias a las feromonas que hay en las secreciones depositadas por cada perro.

Vamos, a ellos les sobra lo que nos falta a nosotros, el olfato, y a nosotros nos sobra lo que les falta a ellos, el habla; ¿o no tanto?