Los sentidos del gatito

La evolución de cada especie ha permitido que los individuos que la componen se doten de recursos sensitivos suficientes para desenvolverse adecuadamente en su medio. El gato, a pesar de su radical cambio de estilo de vida, sigue manteniendo unos sentidos “super especializados”.

La vista

Los pequeños cachorros de gato al nacer son sordos y ciegos, aunque estas claras deficiencias transitorias se ven cubiertas por un excelente olfato.

El desarrollo ocular de un gatito recién nacido es aproximadamente equivalente al de un feto humano de cinco meses de gestación. Cuando cumplen los diez días de vida, aproximadamente, su deficiencia visual comienza a ser olvidada con la apertura de los ojos. Está demostrado que el manejo precoz, que el contacto con la mano del hombre, acelera el proceso de apertura ocular casi un día. Otros factores que influyen son la genética paterna, la exposición a la luz (los criados en ambientes oscuros abren los ojos antes), sexo del animal (las hembras antes que los machos), la edad de la madre (antes en cachorros de madres jóvenes), etc. En ese preciso momento los pequeños felinos no ven con claridad, por lo que tardarán un tiempo variable en desarrollar de forma completa su refinado sentido de la vista.

El control de la pupila se produce a las 24 horas de la apertura de los ojos y tarda entre 2 a 3 días en controlarse de forma perfecta. La percepción de la profundidad se experimenta a los 12-14 días de la apertura ocular, y podemos decir que el gato dispone de una visión óptima y binocular a los 45-48 días.

El oído

El oído del gato dispone de 20 músculos que trabajan para facilitar los movimientos necesarios para la captación de sonidos y para manifestar signos e intenciones.

La apertura del conducto auditivo externo se produce entre el día 6 y el 14 de edad (sobre el noveno día de media), y se completa al cumplir las tres semanas.

La excelente capacidad auditiva del gatito se ve favorecida por la orientación independiente de sus pabellones auriculares, que les permite “localizar” de forma más precisa la procedencia del sonido.

Este fino oído les hace ser capaces de distinguir dos sonidos diferentes en un radio de cinco grados, por ejemplo, algo que logran porque el sonido llega a una de sus orejas con un ligero retraso cronológico respecto de la otra, un retraso de fracciones de segundo que los gatos son capaces de procesar.

El oído “realza su valor”, gracias a su perfecta combinación con la vista y la direccionalidad de la cabeza.

El olfato

El sentido del olfato está muy desarrollado desde el nacimiento, y a partir del segundo día de vida los gatitos reaccionan claramente ante los olores desagradables. Este precoz desarrollo es fundamental para guiar al gatito hacia las mamas maternas y hacia su apetecible y nutritivo contenido.

A partir del segundo o tercer día, los cachorros establecen su “pezón favorito”, primero guiados por el olor y, posteriormente, por “rutas específicas” o “caminos con olor reconocible”, es por ello que si sacamos a estos animales de corta edad de su entorno “oloroso” se provoca un elevado grado de estrés.

El gusto

El sentido del gusto se encuentra alojado en la cavidad bucal, y de forma más concreta en la lengua, pero también en la epiglotis, en el paladar blando, en los labios, en la faringe… La lengua tiene unos órganos receptores, las papilas gustativas, capaces de identificar diferentes sabores como los ácidos, los amargos, los salados. Los receptores del sabor se colocan principalmente en la punta, los laterales y el fondo de la lengua.

El gatito puede distinguir, desde el primer día de vida, distintos sabores de la leche materna.

El tacto

El feto tiene sensaciones táctiles a partir de la tercera semana de gestación, y reflejo flexor de los dedos a partir de la quinta semana. Las reacciones cutáneas al dolor aparecen a los cuatro días tras el nacimiento.

Sin embargo, los mecanismos homeostáticos no están “a punto” de forma temprana, por lo que, para conservar la temperatura tienen que acurrucarse; el comportamiento de mamar al notar algo caliente cerca (“rooting”) se mantiene hasta las dos semanas tras el nacimiento. El contacto con la madre produce un gran efecto de calma en los cachorros.

El sentido del tacto del gato radica principalmente en sus pelos táctiles (vibrisas) que están distribuidos por todo el organismo: bigotes, encima de los ojos, mejillas, barbilla, parte posterior de las extremidades delanteras… Son capaces de percibir cambios muy ligeros en el entorno del animal. El tacto también se aloja en las almohadillas plantares. Estas estructuras, y principalmente las de las extremidades anteriores, son muy sensibles.

La especial capacidad sensitiva de las almohadillas les permite, por ejemplo, detectar la carrera de un pequeño roedor, distinguir entre las distintas texturas de las superficies por las que caminan, y como no, la temperatura del terreno por el que se mueven.