La mascota perfecta para cada niño

La mascota perfecta es la que te hace comprender el respeto por la vida

Si hay grandes beneficiarios con la convivencia de una mascota, estos son los niños, ya que puede ayudarles a centrar su atención, a asumir responsabilidades y a aprender a compartir, además de ayudarles a comprender lo que significa el respeto por la vida y otros seres.

Para que la convivencia sea perfecta, la elección de la mascota no puede estar en manos del niño, sino del adulto, quien deberá tener en cuenta varios puntos fundamentales.

El tipo de mascota. Muchas son las especies animales disponibles como mascotas, desde los pequeños mamíferos a los peces, pasando por las aves y los reptiles. Nosotros nos decantamos al gato y al perro por ser las favoritas como animales de compañía, pero en caso de preferir otras especies, por favor, que no sea una salvaje o por lo menos que el ejemplar haya sido criado en cautividad. Gracias de parte del medio ambiente.
La salud del niño. Es posible que parezca evidente pero antes de llevar una mascota a casa para un niño debemos estar seguros de que él no es alérgico, si no podemos producirle un disgusto muy grande al tener que deshacerse de su nuevo amigo.
La edad del niño. La capacidad de apreciar la importancia de la mascota y cómo tratarla se adquiere con la edad. Por ello, debemos estar muy pendientes de los niños pequeños, al menos hasta que sean capaces de atender las indicaciones de los adultos, muy en especial durante la primera fase tras la llegada de la mascota. Si hay un bebé en el hogar, por el bien de ambos debemos vigilar tanto al animal como al niño como mínimo hasta que sepamos cómo se establece su relación.
El carácter del niño. Aparte la infinidad de caracteres en las personas, se debe valorar si un niño activo estará mejor con un perro que pueda resistir su grado de actividad o con un gato que la compense. Otro ejemplo de que la elección de la mascota está en manos de los adultos.
El carácter de la mascota. Los gatos y los perros no tienen el mismo carácter; además, dentro de cada especie existen diferencias acusadas entre los ejemplares según la raza a la que pertenezca, incluso dentro de la misma raza o por la forma en que hayan sido socializados. Por ello, a la hora de elegir la mascota debemos fijarnos en su carácter.
El tipo de vida de la familia. Como cada familia puede tener distintas costumbres o cambiarlas según lo estime oportuno, no vamos a entrar en detalles. Solo dejaremos patente lo importante que es tener en cuenta que el gato y el perro necesitarán atenciones durante todo el año (incluidos los períodos vacacionales) y que si hemos elegido un perro, tendrá que salir de paseo. A grandes rasgos, si tenemos una familia que apenas viaja y hace excursiones cortas al campo, probablemente la mascota perfecta sería un gato; en cambio, si a nuestra familia le gusta viajar con su mascota, el perro es el mejor candidato, siempre que el tipo de viaje lo permita, claro.
Apoyo de la familia. Debido a que la mascota requiere unos cuidados que no todos los niños pueden dar, es evidente que necesitará el apoyo de los mayores, mayor o menor según su edad. Así, un niño muy pequeño no sabrá cepillar correctamente a su mascota si es de pelo largo o sacar a pasear él solo a un perro grande. Por ello, los adultos debemos ser conscientes de que deberemos asumir gran parte de la responsabilidad de tener una mascota, aunque le reservemos a él la parte de responsabilidad necesaria para que le sirva de aprendizaje.
Consenso familiar. Solo hay una forma de que la convivencia con la mascota suponga un éxito para el niño y es que todo el entorno familiar esté de acuerdo en convivir con un animal, incluso en qué tipo. Es decir, si a un miembro de la familia no le gustan los gatos, por mucho que parezca la mascota perfecta para el niño, no se debe elegir esta especie; es más importante una convivencia armoniosa que no ponga en peligro la permanencia del animal en el hogar.

Para evitar decisiones equivocadas, no debemos olvidar que convivir con una mascota supone una responsabilidad que adquirimos para toda la vida del animal, de modo que si no estamos totalmente seguros, mejor será que elijamos un juguete para el niño.

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