El olfato del perro, al servicio de la sociedad

El olfato del perro, al servicio de la sociedad ¿Para qué se usa?

El olfato es el sentido más desarrollado del perro, lo que nos ayuda a la hora de localizar drogas, dinero, personas sepultadas bajo los escombros tras una catástrofe, explosivos, incluso a detectar determinadas enfermedades.

Pero no basta con que el perro tenga un olfato extraordinario. A la hora de elegir a un ejemplar para este fin también se tienen en cuenta otras características, por ejemplo, el tamaño, ya que los perros muy grandes pueden ser menos eficaces que otros de menor tamaño a la hora de meterse por espacios pequeños para hacer su trabajo.

Hasta ahora se han elegido determinadas razas porque su eficacia estaba contrastada desde hace décadas, tal es el caso del Pastor Belga, el Pastor Alemán o el Labrador Retriever; sin embargo, cada vez más se tienen en cuenta ejemplares de otras razas, como el Caniche, el Cocker o el Yorkshire Terrier.

Independientemente de la raza, todos los ejemplares requieren un proceso de aprendizaje que puede necesitar meses, si bien depende directamente del propio perro, ya que no todos aprenden al mismo ritmo.

Todo el entrenamiento se hace “en positivo”, sin castigos físicos, y el perro nunca recibe como recompensa por hacer bien su trabajo algo distinto que su juguete favorito, por lo que desde aquí desmentimos todas esas leyendas urbanas que aseguran lo contrario, como que los perros detectores de drogas son “adictos” a esa droga.

También el guía del perro necesita tener unos conocimientos especiales, caninos en general y de control del propio ejemplar, ya que debe saber canalizar correctamente la motivación y la excitación del perro.

Desde 1999 existe una asociación de cría de perros de trabajo, The International Working Dog Breeding Association (IWDBA), cuya finalidad es fomentar la investigación en el ámbito de la salud canina a través de programas educativos, tanto públicos como privados.

¿Para qué se usa el olfato del perro?

Detección de estupefacientes: tanto los clásicos (heroína, cocaína, etc.) como los que se van desarrollando (éxtasis).

Detección de explosivos: dinamita, TNT, fórmex, etc. Lo curioso es que, cuando el perro detecta un explosivo que está en alto, se sienta, y si está en el suelo o enterrado, se tumba.

Detección de minerales: por ejemplo, encontrar rocas sulfurosas para optimizar una prospección minera.

Identificación criminal: especialmente de los ejecutores de un crimen que han dejado su olor en la escena del delito.

Detección de productos alimentarios: en determinados países la entrada de algunos alimentos está prohibida y existen perros adiestrados para detectarlos. Estados Unidos es uno de ellos y en general utiliza perros de raza Beagle.

Detección de billetes: desarrollado para la evasión de divisas; el perro detecta el olor de la tinta.

Detección de larvas parasitarias: por ejemplo, termitas en los edificios de madera, muy frecuentes en países como Estados Unidos y Japón.

Detección de discos (DVD y CD): pretenden luchar contra la falsificación de estos productos comerciales.

Detección de restos humanos o animales: no tienen nada que ver con la detección de personas bajo escombros, sino la de cadáveres en fase de descomposición, incluso de momias. Es una de las finalidades más novedosas.

Detección de serpientes: lógicamente, se utilizan en zonas donde las serpientes venenosas son abundantes, como Australia.

Detección de ovulaciones: en concreto en las explotaciones ganaderas, para optimizar el momento de la cubrición de la hembra receptiva.

Detección de enfermedades: en especial para los cánceres de vejiga y de piel, así como las hipoglucemias propias de la diabetes.