Particularidades nutricionales del gato

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Es frecuente encontrar personas que creen que el gato tiene unas necesidades nutricionales parecidas a un perro pequeño, incluso a nosotros mismos. Pero esto no es así, por diversas razones.

La primera de ellas es que el gato tiene apenas 500 receptores gustativos, frente a los 1.700 que tiene el perro o los 9.000 que posee el ser humano, si a esto se añade que las células olfativas llegan hasta los 70 millones, frente a los 5 millones de media que tenemos nosotros, es fácil deducir que los gatos no eligen su alimento por el sabor, sino por el aroma, que en algunos casos es primordial.

No obstante, hay gatos que muestran ciertas preferencias a este respecto, para los que existen alimentos que tienen en cuenta la predilección por el sabor o por el tipo de proteínas que lleva el alimento.

Las características que determinan cuál es el alimento más adecuado para un gato son la edad, el tipo de vida, la condición (si están castrados o no) y la raza. A este respecto, algunas razas tienen requerimientos nutricionales y características físicas muy concretas que agradecen un alimento formulado específicamente para ellas.

Por este motivo, una vez elegido un alimento que satisfaga las necesidades nutricionales de un gato, no necesita que lo cambiemos periódicamente.

Los gatitos tienen un crecimiento muy intenso y necesitan muchas proteínas y calorías diarias desde el destete hasta los 4 meses de edad. Por ello, es imprescindible que tomen el alimento adecuado a esta edad, que es el mismo que necesita una gata que está amamantando a su camada.

Otra particularidad es que el gato, desde cachorro, prefiere hacer tomas frecuentes de alimento en pequeñas cantidades, hasta el punto de que puede comer más de veinte veces a lo largo de 24 horas, tiempo que tarda de media en completar el tránsito intestinal. Nosotros tardamos unas 72 horas, nada menos que tres días. Por ello, es recomendable medir su ración recomendada y ponérsela en su recipiente para que coma cuando quiera.

Dado que el gato no contiene enzimas digestivas salivares (nosotros sí) y apenas realiza masticación del alimento, este llega al estómago sin “predigerirse”, así que todo depende de su estómago e intestinos. Por este motivo es muy importante que el alimento sea muy digestible.

Los gatitos bajan sus necesidades nutricionales a partir de los 4 meses de edad, por lo que su dieta debe cambiar a partir de este momento.

Los alimentos para gatos, que son carnívoros estrictos, contienen almidón suficiente para que se formen las croquetas, pero este almidón está correctamente cocido para evitar que fermente en el intestino grueso, cuyo tránsito es muy lento (al menos 20 horas) a pesar de su escasa longitud (entre 20 y 40 centímetros).

Al contrario que el hombre, a partir del destete el gato carece de la lactasa, que es la enzima capaz de digerir la lactosa. Por ello, a los gatos adultos les suele sentar mal la leche, especialmente la de vaca.

Todos los alimentos para gatos deben contener la cantidad adecuada de taurina, un aminoácido esencial que no son capaces de sintetizar a través de otros aminoácidos. Este aminoácido es fundamental para el corazón, la visión y la función reproductora. Además, tiene una gran capacidad antioxidante.

Los gatos castrados, aunque no hayan alcanzado su desarrollo completo, necesitan una alimentación que tenga en cuenta la tendencia a engordar tras la operación y la propensión a la formación de cálculos urinarios, que pueden ser de dos tipos de minerales: estruvita y oxalato cálcico.

El gato tampoco percibe el sabor dulce, así que si muestra atracción por este tipo de alimento, que te desaconsejamos rotundamente porque les puede ocasionar obesidad o diabetes, no se debe a que le guste el “sabor”, sino por otro motivo, por ejemplo, el alto contenido en grasas.

Como nosotros, los gatos necesitan recibir un aporte de calorías adecuado al gasto energético diario que haga. Así, existen alimentos para gatos que no están castrados y viven en el interior de una casa y alimentos para gatos que no están castrados pero que acceden libremente al exterior.

El paso del tiempo también influye sobre el gato y su calidad de vida, por lo que hay que adaptar su alimentación según van apareciendo los síntomas de envejecimiento. El primer cambio se debe hacer a los 7 años de edad y, después, a los 12 años.

Los gatos son muy sensibles al estrés y este llega en situaciones muy concretas, por ejemplo, una mudanza, un viaje o cambios importantes en su entorno. En estos casos también es posible darle un alimento para manejar el estrés.

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