Perros agresivos

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En la mayoría de los casos la agresividad de los perros está provocada por la interacción conjunta y simultánea de varios factores, es decir, tiene un origen multifactorial.

Se han establecido dos grandes grupos para clasificar los factores que influyen en el desarrollo y aparición de la agresividad en los perros: los internos, propios del animal, y los externos, derivados del entorno y el grupo familiar en el que vive.

Factores internos

Factores genéticos. Cada perro, igual que cada uno de nosotros, nace con unas características genéticas que determinan una predisposición específica a manifestar un conjunto de actitudes y a padecer una serie de enfermedades o patologías a lo largo de su vida.

Por ello, cada perro nace con una predisposición concreta, mayor o menor, a manifestar agresividad ante distintas situaciones, si bien puede verse aumentada o reducida por la acción de los demás factores que afectan a la conducta.

Factores hormonales. Son bien conocidos tanto en el perro como en otros animales, incluidas las personas. Las hormonas que tienen una función muy importante en la modulación de la agresividad son las sexuales y las tiroideas.

  • Hormonas sexuales. Tanto la testosterona en los machos como los estrógenos en las hembras son capaces de cambiar la respuesta agresiva, especialmente hacia otros animales del mismo sexo, pero también hacia las personas. Los efectos de la testosterona son muy llamativos porque algunos tipos de agresividad se desarrollan cuando el animal alcanza la madurez sexual, es decir, cuando se hace adulto; este es el caso de la agresividad entre machos.
  • Hormonas tiroideas. La glándula tiroides está localizada en la parte delantera del cuello, en la zona baja de la garganta, y regula una gran cantidad de funciones del organismo. Si su función se altera y se produce una cantidad inadecuada de hormonas tiroideas, que puede ser mayor o menor, la conducta de los perros se puede ver alterada; entre esas alteraciones está una mayor tendencia a la agresividad, aunque lo habitual es que esto se produzca en animales de una edad avanzada.

Enfermedades. Existe un gran número de trastornos sanitarios en los perros entre cuyos síntomas está la aparición de la conducta agresiva o su aumento.

Las afecciones que con mayor frecuencia desencadenan esta actitud son las que producen dolor y malestar. A este respecto, el dolor es una causa muy subestimada como origen de la conducta agresiva pero siempre debe ser considerada ante un perro agresivo. Algunos ejemplos típicos de problemas que producen dolor y que pueden volver agresivo al perro son la otitis, la artritis y la dermatitis, pero hay muchos más.

Factores externos

Entorno y familia. Si existen deficiencias o cambios en alguno de estos aspectos, fundamentales para el perro, este puede desarrollar conductas agresivas. Así, los cambios en la estructura del grupo en el que vive el perro, tanto por la llegada de un nuevo miembro, por ejemplo, un niño, como por su ausencia repentina, tal sería el caso de la muerte de otro perro que vive en la casa, pueden producir comportamiento agresivo.

Aprendizaje y educación. Quizá sea el factor más importante, ya que con frecuencia modula o modifica todos los demás. Por ello, unas normas adecuadas en la relación con el perro suponen una base primordial para conseguir que no sea agresivo. Sin embargo, otros aspectos del aprendizaje y la educación, como son las experiencias vividas cuando el animal es cachorro, así como el tipo de socialización recibida, también pueden tener un efecto relevante sobre su conducta.

Por supuesto, la influencia de cada uno de estos factores puede ser diferente según la situación, el momento o las circunstancias en las que se encuentre el perro. Por ello, un factor puede ser el principal desencadenante de la conducta agresiva en una situación determinada y otro completamente distinto en otra situación. A su vez, un mismo factor puede ser el principal causante de un tipo de agresividad y, sin embargo, tener un papel secundario en otro tipo.

Asimismo, no todos estos factores tienen que estar presentes siempre en el desarrollo del trastorno o afectar a su evolución, sino que es posible que solo estén implicados algunos de ellos.

Finalmente, es erróneo intentar atribuir siempre a una sola causa todos los episodios agresivos que presenta un animal.

Pablo Hernández. Etólogo veterinario