Por qué ladran los perros, cuándo es un problema y cómo solucionarlo

Por qué ladran los perros - Comportamiento caninoEl perro se comunica con el entorno de muy diversas maneras, y entre ellas está el ladrido, cuyas funciones principales son diferentes según las circunstancias, ya que el perro ladra durante el juego, cuando algo le pone alerta, para saludar o simplemente para establecer contacto sonoro en la distancia.

Lógicamente, el ladrido es percibido por el ser humano de manera subjetiva, ya que no a todo el mundo le parece igual de molesto, siempre que el perro ladre en las situaciones más comunes, por ejemplo, cuando alguien llama a la puerta.

En general, el ladrido se convierte en un problema cuando es extremadamente insistente y aparentemente compulsivo al no poder determinar un elemento objetivo que lo desencadene o, si se conoce, no podemos intervenir para solucionarlo. Este problema se intensifica cuando se vive en comunidad y si el perro ladra por la noche, cuando la inmensa mayoría de nosotros estamos descansando.

Es en estos casos cuando se debe determinar cómo podemos solucionar el ladrido insistente del perro. Para ello, lo primero que debemos saber es si se trata de un signo de un trastorno del comportamiento o si el ladrido es un comportamiento que puede ser corregido.

Problemas complejos de comportamiento vinculados con el ladrido

Los problemas de comportamiento más frecuentes en los que aparece el ladrido insistente son la ansiedad (que puede ser por separación, posvacacional, por una mudanza, etc.), la agresividad por miedo, el síndrome de disfunción cognitiva y las conductas compulsivas, de las que forma parte el propio ladrido.

En general, el ladrido de ansiedad por separación es persistente y continuado, próximo a la salida del propietario de la vivienda; también pueden aparecer aullidos y lloriqueos. El ladrido de agresividad por miedo es rápido y agudo, con la posibilidad de que también emita gruñidos. El ladrido compulsivo es extremadamente repetitivo, tanto en secuencia como en frecuencia; es decir, emite un ladrido muy semejante, constante y rítmicamente. No podemos indicarte cómo es el ladrido de la disfunción cognitiva, porque no existe un patrón determinado, sino que es variable incluso en el mismo perro.

Aun así, el ladrido no es el único signo a tener en cuenta, de ahí que deba ser un etólogo canino quien determine lo que le está pasando al perro, ya que sabrá valorar otras cosas como la postura, estímulos que a nosotros nos pasan inadvertidos y cuál es el contexto.

Ladridos asociados a determinados tipos de comportamiento

Si un experto descarta la presencia de alguno de estos trastornos, el ladrido insistente o inapropiado suele estar asociado a dos tipos de comportamiento que no son considerados un trastorno en sí mismos. Por un lado está el ladrido para llamar la atención y, por otro, el ladrido de excitación por la existencia de algún estímulo, como ruidos o la llegada de extraños.

En cualquiera de estos dos casos, un buen adiestramiento puede corregirlo, especialmente porque suelen producirse en presencia del propietario. El primer paso es no prestar al perro la más mínima atención cuando ladra y premiarle cuando deja de hacerlo. Esto resulta especialmente difícil si el perro ladra por la noche, si el propietario no es constante y si tampoco tiene paciencia suficiente para esperar a que el perro deje de ladrar, de ahí la conveniencia de que también lo ejecute un profesional.

Para algunos perros es muy eficaz desviar la atención dándoles algo que los entretenga, como un juguete que contenga alimento o que sepamos que al perro le gusta mantener en la boca, con lo que deja de ladrar.

Como ves, el pronóstico a la hora de conseguir que un perro deje de ladrar constantemente es muy variable porque no sólo está la posibilidad o no de contar con un experto, sino que cuando el propietario está presionado por los vecinos, lo habitual es que no pueda esperar a que surta efecto un tratamiento relativamente largo.

En definitiva, es recomendable siempre el adiestramiento en positivo. Consulta con profesionales, por ejemplo, con un experto en etología canina, que te aconsejará la mejor forma de actuar.