Un nuevo gatito en casa

La entrada de un ser vivo en casa debe ser una decisión consensuada y aceptada por todos los miembros de la familia.

Podemos estar totalmente de acuerdo en que la entrada de un felino en casa no supone las mismas exigencias que la entrada, por ejemplo, de un perro.

A ese maravilloso minino no tendremos que sacarle tres veces al día a la calle, no tendremos conflictos durante los paseos y, en general, todo el periodo de adaptación es más sencillo.

Pero no por ello debemos olvidar una de las premisas fundamentales, quizás la más importante, ante la entrada de un animal en nuestro hogar: el pleno convencimiento de todos y cada uno de los miembros que componen el núcleo familiar.

Si vivimos solos, evidentemente, no tendremos que plantear, consensuar la decisión con nadie, pero no por ello deberemos pensar en: tiempo a dedicar al animal (higiene, juegos, educación…), visitas al veterinario, presupuesto (alimentación, servicios sanitarios, complementos, lecho absorbente…), períodos vacacionales (se queda en casa, le llevo a una residencia, viene alguien a supervisar durante mi ausencia…)

En definitiva, que antes de la entrada, debemos tenerlo muy, pero que muy claro.

Una vez pasada la primera fase, la primera frontera, debemos valorar otras circunstancias, ya que el nuevo felino puede que no sea el único animal de la casa. Quizá ya comparta nuestro espacio otro gato, un perro, pequeños mamíferos, aves o una completa y extensa combinación de especies animales.

Podemos encontrar en diversos puntos de información cómo actuar ante las diversas situaciones que nos podemos encontrar en una futura relación entre gato joven con gato adulto, gato y gata, gatito y gato, gatita y gata… variaciones y permutaciones sobre “dos elementos” que, en la realidad, distan mucho de guardar cierta similitud con una ecuación matemática.

Lo mejor es actuar con sentido común y siguiendo unas sencillas reglas.

El nuevo individuo puede necesitar un periodo de aislamiento en una habitación si tenemos la ligera o plena sospecha de que nuestro gato de toda la vida no va a recibir a su nuevo compañero “con las patas abiertas”.

Durante ese periodo los animales se escucharán, “se olerán”, en definitiva, se irán reconociendo. Posteriormente, y poco a poco, podremos permitir que se vean y que vayan interaccionando según sus comportamientos.

Muchos habréis comprobado que algunos animales aceptan de buen grado la entrada del nuevo amigo y, sin embargo, otros habréis tenido que consultar con un especialista en comportamiento para marcar unas pautas muy estrictas.

A todo este proceso ayudan las feromonas y el “truco” de frotar un paño en cada animal y posteriormente “transferir” el olor de cada uno al otro animal mediante el “frotamiento” del paño con su olor.

En el caso de existir otros animales, por ejemplo un perro, sería conveniente tener controlado al can con collar y correa en el momento de la presentación. La mayoría de los perros no presentarán problema alguno, es más, incluso correrán despavoridos hacia el lado contrario cuando el pequeño minino se les acerque.

Pero algunos perros pueden tener un alto instinto de prelación (caza) y en estos casos debemos consultar con el especialista.

Si en casa convivimos con otras especies domésticas como aves, pequeños mamíferos, animales de terrario, etc., debemos tener en cuenta que serán una fuente de atracción para el felino. Debemos “enseñar” a nuestro gato que esos pequeños seres con movimiento no son “cazables”. Para ello funciona muy bien el castigo indirecto: un chorro de spray de agua cuando el gatito se acerque a la jaula o terrario puede ayudar a comprender que ese recinto no es un “parque de atracciones”.

A partir de este momento, cuando nuestro gato ya está adaptado a su nuevo hogar, a sus compañeros humanos y animales, debemos plantearnos los principales cuidados: vacunas, desparasitaciones…