Vida vagabunda

Vida vagabunda

Si tu gato es de los que tiene acceso al exterior, seguro que alguna vez te has planteado dónde va.

Con esta intención, un grupo de investigadores estadounidenses se puso manos a la obra y, mediante dispositivos de radiometría y rastreadores de actividad, analizaron las andanzas de 42 gatos adultos durante dos años.

El estudio, que se hizo en el estado de Illinois y en un territorio que comprendía un total de 2.544 hectáreas, tuvo en cuenta ejemplares completamente asilvestrados, concretamente 24, y otros que tenían dueño pero que podían recorrer a su antojo el terreno a su alcance, que fueron 18. Así, los primeros abarcaban mayor territorio que los “caseros” y, lógicamente, esto suponía una mayor actividad. A su vez, hubo un individuo que destacó por las dimensiones del territorio que llegaba a recorrer: 547 hectáreas.

Esta distancia resulta todavía más llamativa si se compara con las dos hectáreas de media que recorrían los gatos con un hogar, que además no se alejaban demasiado de la casa de los dueños. No obstante, sigue siendo mucho territorio si se tiene en cuenta que los gatos domésticos dedican apenas el 3 por ciento de su tiempo a acechar presas o correr. Sin embargo, es poca actividad si se compara con el 14 por ciento que realizan los gatos sin dueño. La diferencia entre ambos tiene una razón obvia, el gato asilvestrado se ve obligado a cazar o a aumentar su actividad para conseguir el sustento diario, mientras que un gato con dueño no necesita hacerlo durante su vagabundeo, sino que está motivado por otros instintos, como la curiosidad o el deseo de apareamiento.

Los entornos más frecuentados y las distancias también se veían alterados según la época del año, de modo que los gatos con dueño vagabundeaban menos durante el invierno y, en caso de hacerlo, sus recorridos eran más cortos, por lo que siempre estaban bastante más cerca de casa que en sus recorridos veraniegos.

Por su parte, los gatos asilvestrados también cambiaban sus hábitos según la época del año, por lo que si bien sus recorridos seguían siendo muy amplios, solían cambiar los entornos campestres o ajardinados –sus favoritos en el verano–, por los más urbanos, es decir, por lugares donde la presencia humana era más patente, especialmente porque durante el invierno se dificultaba la obtención de presas vivas y se veían obligados a alimentarse de las basuras.

Ese estudio también puso de manifiesto el gran riesgo de contagio de enfermedades que existe cuando las poblaciones de gatos asilvestrados conviven con los caseros, de ahí la conveniencia de vacunarlos, pero también el gran número de muertes por accidentes de distinto tipo.

En definitiva, aunque seamos de la opinión de que el gato es un animal libre, muy independiente y que sabe cuidar de sí mismo, aunque tengamos la posibilidad de que pueda salir libremente de casa, es mejor que no le dejemos hacerlo, por su seguridad.